LA NACIÓN, ÉSE ES EL PROBLEMA
Los votos particulares coinciden en que el Preámbulo del ‘Estatut’ contradice la Constitución.
LA RAZÓN 20/07/2010 Inmaculada G. Molina
CiU Y PNV COORDINAN ESTRATEGIAS PARA MARCAR EL FUTURO DEL GOBIERNO
Conscientes del poder que tienen en sus manos frente a un Ejecutivo central sin mayoría absoluta, los dirigentes de PNV y CiU compartieron anoche en Madrid mesa y mantel. Salvar o no al gobierno de Zapatero fue la cuestión central.
Pese que la cita fue fijada con anterioridad al fallo del TC y, por ende, este no era el motivo de la misma, los líderes nacionalistas, como no podía ser de otra manera, intercambiaron puntos de vista sobre el mismo y sobre el escenario que se abre no sólo en Cataluña sino también en Euskadi tras la sentencia. El PNV entiende que el fallo también afecta al País Vasco. De hecho, José Luis Rodríguez Zapatero pactó con Artur Mas que Cataluña era una nación en medio del proceso de paz para exportar el modelo el modelo catalán a Euskadi. De esta manera, trató de reconocer que el País Vasco también es una nación. Por tanto, el PNV mostró ayer su disposición a respaldar todas y cada una de las acciones que adopte CiU respecto al Estatut y en contra de la sentencia del TC
COMENTARIO de elemese
El “escenario” (como se dice tanto ahora) que se desprende de las noticias como la presente, relacionadas con la intervención de partidos políticos regionales pequeños, no sólo en la dirección de la política nacional sino en lo concerniente a la integridad de España como nación, resulta altamente preocupante y se sale por completo de lo que se debe entender como “política nacional” ordinaria.
Por esta circunstancia ningún militar, sea cual sea su empleo y situación, debe, ni puede, mostrarse “neutral” en el sentido que parece desprenderse de las leyes orgánicas futuras que contemplan sus actuaciones. Nada de cuanto se contiene en la Constitución puede, ni debe, llevar en esa dirección porque la integridad, la independencia y la soberanía de España no pueden verse sujetas a una neutralidad suicida por parte de quienes, precisamente por el mandato constitucional –que no es más que el resultado del ejercicio mínimo y elemental del sentido común- han recibido esa misión. Por supuesto que la misma debe ser ineluctablemente la de todo español honrado y cabal, habida cuenta que España es la Patria de, curiosamente y de modo olvidado en exceso por algunos, los españoles.
En tocante a la existencia de España y su conformación actual, los militares no sólo se han de sentir libres para expresar su opinión en cualquier foro y circunstancia, sino que malos militares serían si no lo hicieran. No ha lugar, en absoluto, a dar carta blanca a aquellos que el españolito de a pie elige como meros y simples administradores suyos para que, en el “juego” de mantenerse en el poder –muy respetable- pongan en peligro la convivencia y la paz que debe existir entre los habitantes de la Nación. Y mucho menos si el resultado es una trifulca entre ellos mientras los causantes toman los aviones al extranjero.
El que algunos partidos de corte separatista decidan el futuro del Gobierno no debe tomarse a título de inventario. Si ello entra dentro de la mecánica parlamentaria no hay nada que objetar, pero si esconde alguna maniobra que se vaya a resolver, como es usual, en la entrega de una importante cantidad de millones de euros de los Presupuestos Generales que se traduzcan en detrimento de otras atenciones tanto o más necesarias que se han de quedar incumplidas, o en la promulgación de leyes orgánicas con las que burlar la Constitución y modificar la sentencia del Tribunal Constitucional.
Esta sentencia ha dado lugar a los votos particulares de los siguientes magistrados:
Vicente Conde: “existe un contenido esencialmente inconstitucional en el Estatuto “centrado en la consideración jurídico-constitucional de Cataluña como nación”;
Javier Delgado: “El Estatuto de autonomía de Cataluña... es una ley profundamente coherente: la quintaesencia está en el preámbulo (la definición de Cataluña como nación)...”;
Jorge Rodríguez Zapata: “es constitucionalmente inadmisible que permanezcan en el Preámbulo afirmaciones y principio que irrumpen ‘en los ámbitos inconfundibles del poder constituyente’ como la soberanía nacional, la unidad e indivisibilidad de la nación española y la forma misma del Estado como Estado” y
Ramón Rodríguez Arribas: “Si se admitiera, directa o indirectamente, que dentro del territorio español hay, o podría haber, otras naciones, la Constitución perdería su fundamento y se abriría el camino al desmoronamiento de nuestro sistema político.
Ellos expresan desde el punto de vista jurídico lo que todos los españoles de bien piensan al respecto. Por ello, los militares esperarán y confiarán, sin la menor duda, en que, quien cuenta con las facultades suficientes y necesarias para poner coto inmediatamente a este episodio inadmisible e intolerable de regreso a tiempos felizmente superados –aunque, y por lo que se ve, no olvidados- y que atentan contra la esencia de España, se ponga sin tardanza manos a la obra.