21/07/2010
CONTROLADORES MILITARES
BLANCO AMENAZA CON SUSTITUIR EL ALTO NÚMERO DE CONTROLADORES DE BAJA POR MILITARES
Los sindicatos aseguran que éstos no tienen preparación para gestionar el tráfico aéreo civil.
El Ministro de Fomento, José Blanco, tiene la intención de emplear a controladores militares para suplir el elevado número de bajas que se vienen registrando desde la pasada semana en las torres y centros de control aéreo españoles, y que el Ministro interpreta como una medida de presión de los controladores civiles por la modificación de sus condiciones laborales.
COMENTARIO de “el nono”
Como des costumbre, y cuando la situación que sea puede volverse contra quienes están al frente (¿a cargo?) de los poderes públicos, se recurre a los militares para desviar la atención de lo fundamental; lo fundamental que no es más que parece como si la sociedad española fuera, o bien menor de edad o incapaz de organizarse para atender con eficiencia la resolución de los problemas a los que tiene que hacer frente toda sociedad moderna.
Ahora es el de los controladores aéreos. La única solución que, al parecer, se le ocurre al titular del Departamento afectado es echar mano de los militares, con lo que consigue dos cosas: por un lado, convertirlos en esquiroles –curiosamente un ministro que presume de practicar la doctrina política que, en teoría, defiende la libertad de actuación de los trabajadores- y, por el otro, enfrentarlos a la sociedad como en tiempos pasados en los que se procedía a militarizarlos, con las consiguientes protestas de los sindicatos de clase estimulados por sus respectivos partidos.
La cuestión se debe reducir, por parte de nadie, a si los controladores militares saben o no saben hacer lo que los civiles, sino que sus misiones y formación son distintas; y lo son porque las circunstancias en las que tienen que actuar también lo son. Parece que todos esos ilustres e ingeniosos cerebros que han alumbrado la feliz idea de la sustitución no se han parado a pensar en que, para poner en marcha la Unidad Militar de Emergencias, por poner un ejemplo, ha sido necesario tiempo, personal, medios y una organización e instrucción que no ha sido cosa de dos días.
Cualquiera con un mínimo de sentido común sabe el modo de resolver este asunto: enseñanza libre y convocatoria de plazas cuando proceda. También está la del presidente Reagan en Estados Unidos: baja de todos los huelguistas y sustitución, no por esquiroles, sino por contratados nuevos. En demasiadas ocasiones lo fácil resulta difícil cuando no hay “volunta política” de actuar.
Éste es un problema laboral y debe ser resuelto desde esa perspectiva. ¿Por qué no se recurrió al mismo procedimiento en la huelga salvaje de metro en Madrid? Por ahí debía de andar todavía vivo el equivalente al antiguo Regimiento de Prácticas y Movilización de Ferrocarriles, de donde se podrían haber sacado conductores suficientes para la sustitución o, en otro caso, militarizar a los huelguistas. ¡Ah! Pero eso no se quiere porque es impopular y costaría votos, con lo que la solución es una brillante idea: no se les militariza, pero se les sustituye por militares. Es decir, el control aéreo cae bajo la autoridad militar por elevación. Si ocurre un accidente ya no es preciso que el ministerio sea el responsable; habrá un militar que ejerza ese papel. ¿Será por carencia de ellos?
Y, ahora, la pregunta del millón: ¿Para cuándo una ley de huelga? Nadie se atreve porque los “agentes sociales” (véase sindicatos) no lo consideran conveniente, no sea que, de una vez por todas, se aplique legalmente un porcentaje de servicios mínimos, y se legisle la actuación de los “piquetes de información” que les limite su libérrima y absoluta actuación. Mientras tanto, las cuestiones laborales se intentan resolver “manu militari”. Es lo fácil, sólo que los militares no están para resolverle los problemas laborales a quienes no poseen la menor voluntad de completar la legislación que abarca al mundo del trabajo, como tampoco están para ser enfrentados a aquellos a los que constitucionalmente tienen que defender.
Claro; con el Estatuto de Cataluña tienen bastante para entretenerse y no hay tiempo para otras “menudencias”.
| LA RAZON 21/07/2010 Erik Montalbán |
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