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Cultura de Defensa
23/07/2010
¿QUÉ VALE UN SOLDADO?

 

Miguel Ángel Moratinos tenía prisa... Primero hizo escala en Almaty... Después se llegó a Qala i Naw... Y, finalmente, fue a Kabul...

Concluidas estas entrevistas, Moratinos consideró llegada la hora de volver a España. Y mientras caían sobre Kabul el secretario general de la ONU y cuarenta ministros de Asuntos Exteriores –Hillary Clinton incluida- el ministro de Exteriores español creyó más relevante –según declaró- volver a Madrid a votar las resoluciones no vinculantes del debate sobre el Estado de la Nación. Ese es el valor que dan Moratinos y Zapatero a la presencia de las tropas de España que arriesgan su vida en Afganistán. Es más importante la resolución sobre el Estatuto de Cataluña, que encabezaba las votaciones de ayer tarde, que los soldados que ponen su vida en juego en territorio afgano. Y prueba del valor que dan Zapatero y Moratinos a la vida de nuestras tropas es que en lugar del ministro quedó en Kabul la secretaria de Estado de Cooperación. Y aunque a este Gobierno le gustaría creer que nuestro Ejército es un cuerpo de socorristas, en Afganistán están librando una guerra que exige un liderazgo político. No una cooperante.

 

COMENTARIO de juan soldado

 

Mucho valor y un insuperable amor a España demuestran poseer los militares que salen en unidades expedicionarias a defender su nombre –que no los intereses de ninguna de las formaciones políticas que conforman el Parlamento, entre las que están aquellas que no creen en ella- y no son de extrañar las depresiones de quienes se ven menospreciados o preteridos por los que da la impresión de que van a donde ellos están para hacerse una foto o llevarles camisetas de la selección nacional de fútbol.

 

Mucho valor, al igual que un sentido extraordinario de la obediencia y la disciplina, obediencia y disciplina que no estaría mal que las copiaran la mayor parte de quienes se aprestan a desarrollar las sesiones de control o la del Estado de la Nación como si de un concurso radiofónico o combate deportivo se tratara.

 

Los resultados de esas confrontaciones, resumidos en un “Fulano resultó ganador”, o “Mengano resultó perdedor” según los periodistas afines a cada uno de los dos partidos principales y dejando a un lado los pobres argumentos que se emplean –ese “más eres tú”, o “también lo hicisteis cuando estabais en el poder”- hacen pensar al hombre de la calle que poco o nada importan los tremendos problemas nacionales ni el que hayamos devenido en una nación puesta en cuarentena por los socios de la Unión Europea que, incluso, están dispuestos a sacarnos de la economía del euro.

 

Resulta estremecedor comprobar el empecinamiento por parte de los responsables de Defensa –empezando, claro es, por el Director de Política de Seguridad y Defensa, esto es el presidente del Gobierno- en insistir en la parte de asistencia que España está desarrollando en medio de una auténtica guerra civil. Lo de “insurgentes” parece estar destinado a que los españoles piensen en que los talibán son como las setas, que nacen de pronto. Nada importa que hayan sido quienes derrotaron a los rusos (sea con ayuda norteamericana o no) hasta obligarles a salir e independientemente de que sean partidarios de llevar el terror a Occidente.

 

Lo que allí se libra es una guerra civil en la que la misión de nuestras tropas queda reducida a lo que se denomina “asistencia”. Curiosa asistencia cuando tiene que prestarse siendo constantemente atacados y padeciendo combates que nos recuerdan, desgraciadamente, a los de la Guerra de África. Lo más lógico sería prestar la ayuda una vez terminado el conflicto bélico y pacificada la nación.

 

Mala, terrible, sensación debe quedar a los militares –tanto los allí enviados en calidad de unidades expedicionarias como los que quedan en España, sea cual sea su empleo y situación- cuando comprueban que lo más importante para los ministros que deben mostrar su preocupación e interés por los soldados allí combatiendo, es una votación en el Parlamento. Es decir, que ponen los intereses de partido por encima de los nacionales, dan la impresión de que les importa esto más que las incomodidades y los sufrimientos de las tropas. Más, incluso, que la vida de ellas. Tiene más valor el que el jefe de filas correspondiente levante la manos con sus dedos para indicar lo que hay que votar, como se ve en los medios de comunicación. Pobre ejemplo del interés que deben poner los diputados en las cuestiones que se debaten cuando hay que decirles qué tienen que votar. Como los jugadores de baloncesto o fútbol en un saque de esquina..

 

En cualquier nación medianamente seria estas actuaciones se verían seguidas de ceses o dimisiones. Aquí, lamentablemente, no ocurre nada de eso. Así nos va.


ABC 21/07/2010 EDITORIAL


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